domingo, 1 de octubre de 2017

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martes, 4 de julio de 2017

Tutorial To Earn $ 1200 Monthly After Completing 3 Steps



STEP 1 TO EARN $ 46 MONTHLY 
Click here on NEOBUX and register by entering your name user, password, your email and your year of birth. A once you're registered, click where it says VIEW ADS and then see all ads (those of purple and orange), it will take you about 6 minutes. And so will you all the days (that's all the "work" you have to do every day), during 15 days and then you will be enabled the option REFERRED and then you will rent your first 100 referrals (It costs $ 20). So you can transfer money from your bank account to the rent balance and so you can rent refer to this payment processor, which is the best PAYZA You will continue to see the ads days and when 7 days have passed you will be re-enabled option REFERED and then you will rent another 100 referred to. You'll continue to see ads daily and when after a week you will re-enable the option REFERRED and finally, you will rent your last 100 referrals of the first step. With the 300 referrals you will be earning $ 46 monthly.

IMPORTANT NOTE.
Once you are registered you should see the ads 3 days in a row so that the company does not eliminate your account. And only one person can register by computer or laptop, so that if a family member or friend of yours wishes have an account with this company, you will have to register in another computer or laptop. When you rent for the first time, the duration of the same, is for 30 days. So, after renting, you will extend the rent for 240 more days as it has a discount of 30%

You should note that for every 3 referrals you rent you must have $ 4.00 because the rent of 3 referrals costs 0.60 and extend the rent for 240 days plus costs 3.40
If you do not have enough money to complete the 3 steps consecutively then you can stay in step 1 and with what you are earning here ($ 46 a month), you can perform the second step and finally, with whatever you go earning in the second step you can do step 3.


STEP 2 TO EARN $ 600 MONTHLY
Buy the GOLDEN membership (it costs $ 90 and is worth a year). Continue to see ads every day, remember that for each day you do not see the ads you will stop earning money (you know it will only take 6 minutes to do it). Follow renting referrals from 100 to 100 until you have 2000 referred to. Once you reach the 2000 referrals you will be earning $ 600 monthly.


STEP 3 TO EARN $ 1200 MONTHLY
Buy the ULTIMATE membership (costs $ 890 and is worth for a year). Continue to see ads every day and continues to rent referrals, always from 100 to 100, until have 4000 referrals and then you're earning $ 1200 monthly.

sábado, 24 de junio de 2017


TUTORIAL PARA GANAR 1200 DÓLARES MENSUALMENTE DESPUÉS DE COMPLETAR 3 PASOS




PASO 1 PARA GANAR 46 DÓLARES MENSUALMENTE. 

Haz click aquí en NEOBUX y regístrate poniendo tu nombre 

de usuario, contraseña, tu email y tu año de nacimiento. Una 

vez que estés registrado haz click donde dice VER ANUNCIOS 

y entonces ves todos los anuncios (los de color morado y 

naranja), te tomará alrededor de 6 minutos. Y así lo harás todos 

los días (ese es todo el "trabajo" que tienes que hacer a diario), 

durante 15 días y entonces se te habilitará la opción 

REFERIDOS y entonces alquilarás tus primeros 100 referidos 

(cuesta 20 dólares). Para que puedas transferir dinero de tu 

cuenta bancaria al saldo de alquiler y así puedas alquilar 

referidos regístrate en este procesador de pagos, que es el mejor 

que existe PAYZA Continuarás viendo los anuncios todos los 

días y cuando haya pasado 7 días se te volverá a habilitar la 

opción REFERIDOS y entonces volverás a alquilar otros 100 

referidos. Seguirás viendo los anuncios a diario y cuando haya 

pasado una semana se te volverá a habilitar la opción 

REFERIDOS y, finalmente, alquilarás tus últimos 100 referidos 

del primer paso. Con los 300 referidos estarás ganando 46 

dólares mensualmente.


NOTA IMPORTANTE. Una vez que estés registrado debes ver 

los anuncios 3 días seguidos para que la empresa no elimine tu 

cuenta. Y solo una persona puede registrarse por computadora 

o laptop, de modo que si un familiar o amigo tuyo desea 

tener una cuenta en esta empresa, tendrá que registrarse en otra 

computadora o laptop.


Cuando alquilas por primera vez, la duración del mismo, es por 

30 días.De modo que, tras alquilar, les extenderás el alquiler por 

240 días más ya que tiene un descuento de 30%


Debes tener en cuenta que por cada 3 referidos que alquiles 

debes tener 4 dólares debido a que el alquiler de 3 referidos 

cuesta 0.60 y extenderles el alquiler por 240 días más cuesta 3.40


Si no tienes suficiente dinero para completar los 3 pasos 

consecutivamente entonces puedes quedarte en el paso 1 y con 

lo que vayas ganando aquí (46 dólares mensualmente), puedes 

realizar el segundo paso y, finalmente, con lo que vayas 

ganando en el segundo paso puedes efectuar el paso 3.




PASO 2 PARA GANAR 600 DÓLARES MENSUALMENTE. 

Compra la membresía GOLDEN (cuesta 90 dólares y vale por 

un año).Continúa viendo los anuncios todos los días, recuerda 

que por cada día que no veas los anuncios dejarás de ganar 

dinero (ya sabes que solo te tomará 6 minutos hacerlo). Sigue 

alquilando referidos de 100 en 100 hasta que tengas 2000 

referidos. Una vez que llegues a los 2000 referidos estarás 

ganando 600 dólares mensualmente.



PASO 3 PARA GANAR 1200 DÓLARES MENSUALMENTE. 

Compra la membresía ULTIMATE (cuesta 890 dólares y vale 

por un año). Continúa viendo los anuncios todos los días y 

sigue alquilando referidos, siempre de 100 en 100, hasta que 

tengas 4000 referidos y entonces estarás ganando 1200 dólares 

mensualmente. 

jueves, 14 de julio de 2016

EL AMO AFORTUNADO: Las aventuras del sujeto que, gracias a su perro, conoció los cinco continentes.


Capítulo 1: Génesis de la historia.
          Todavía recuerdo claramente aquel 8 de diciembre de 1999 en el que un encadenamiento de hechos fortuitos aconteció en mí compulsiva y maníaco-depresiva existencia.                                                                 

Era un día miércoles y estábamos en la estación de primavera en el hemisferio austral. Aprovechando que era día feriado mí simpático perro y yo salimos de casa montados en un automóvil con dirección a la ribera del mar cuando recién comenzaba a amanecer porque acostumbraba levantarme temprano todos los días creyendo incondicionalmente en la frase que dice: “A quien madruga Dios le ayuda.”

Eran las 04:39 horas cuando llegamos a la playa Máncora, localizada en la costa norte del océano Pacífico peruano. Mientras descargaba del vehículo las cosas que había llevado para disfrutar de un día de playa en el oriente el sol comenzaba a ascender sobre el horizonte sensible emitiendo sus resplandecientes rayos que deslumbraban a las palmeras. Luego que terminé de bajar los objetos recreativos que estaban asegurados en las barras cilíndricas del techo del automóvil me empleé en unir las piezas metálicas del armazón de la tienda de campaña sobre la cual extendería un lienzo de cáñamo. Una vez que terminé de construir la tienda de cuatro metros de largo, tres de ancho y casi dos de alto acomodé en su interior la mesa, las sillas, la hamaca, los comestibles, las bebidas, los servicios de mesa y la cesta de juncos para la basura, además de los frisbees y la tabla de surf. Después, y no sin antes haberme quitado la camisa, las alpargatas y el pantalón a fin de vestirme con una camiseta sin mangas, unos shorts y unas zapatillas, me puse a realizar algunos ejercicios gimnásticos que de lunes a viernes, con mucha religiosidad, practicaba en el desván de mí casa antes de ir al encumbrado edificio de oficinas en el cual, en una de esas, trabajaba. Mientras hacía la gimnasia sueca, disfrutando de una sensación placentera que me producía los vientos alisios, Misti, que así se llamaba mi perro, se bamboleaba muy contento echado sobre las brillantes arenas blancas.
Misti tenía exactamente veintisiete meses de edad, era descendiente de un pastor belga Malinois y de una pastora Kelpie australiana por eso lo había llamado Misti que significa Mestizo en lengua de los incas.
Una vez que terminé de ejercitar mis músculos, después que lo había hecho durante setenta y ocho minutos, tomé un descanso de catorce en el cual recobré las fuerzas. Luego, tras desperezarme y antes de que ingiriéramos los primeros alimentos del día, empezamos a correr a toda prisa por la orilla, hacia al punto del horizonte geográfico norte. Mientras corríamos desenfrenadamente nos encontramos con varios sujetos con sus perros que estaban haciendo lo mismo que nosotros, solo que ellos iban y venían trotando. Cuando habíamos corrido apróximadamente un kilómetro nos detuvimos porque me encontraba exhausto, aunque Misti no parecía estarlo aún. Había corrido con tanto entusiasmo que mientras lo hacia no reparé en que nos estábamos alejando demasiado de nuestra tienda. Luego de permanecer por un instante en cuclillas me puse de pie y de inmediato emprendimos la marcha hacia el punto de partida. A consecuencia de la fatiga muscular iba a paso lento y con la cabeza inclinada. Cuando habíamos caminado más o menos cien metros pude ver con el rabillo del ojo derecho como Misti, que caminaba a mí lado, se detuvo repentinamente. De pronto, mientras avistaba inmóvil el océano, emitió tres ladridos con los que me extrajo definitivamente de la mirada fija que tenía en la arena y a continuación empezó a correr a gran velocidad sin perder de vista su objetivo tal como los galgos tras la liebre. Después que había corrido no menos de cincuenta metros se lanzó a las aguas con impresionante elasticidad manteniéndose en el aire unos segundos antes de acuatizar. Luego, tras bracear con mucho ímpetu hacia una ola que recién había reventado, se abalanzó sobre algo que pude columbrar parecía ser una gaviota intentando emerger. Poco después, cuando Misti salió del mar, se sacudió desprendiéndose de las moléculas de agua que impregnaban su hermoso pelaje. Luego empezó a caminar muy pimpante hacia mí que me había quedado petrificado observando el incidente. En cuanto llegó dejó caer a mis pies lo que traía en la boca.
          —¡Muy bien Misti, has logrado extraer un desecho del océano! Seguramente algún citadino inconsciente lo arrojó hacía él para contaminarlo. ¡Tuviste mucha perspicacia para haberlo visto, Misti! ¡Y fue sensacional la forma como te batiste contra aquella ola! ¡Eres un héroe!
      Cuando recogí el objeto, que estaba envuelto en una funda de lana impermeable de color blanco atado con un nudo gordiano, percibí que se trataba de una botella de vidrio grueso.
        —Bien, Misti. En la tarde, cuando estemos camino a casa, llevaremos esta botella al lugar donde las reciclan.
         Luego de la contingencia proseguimos con la caminata hacia nuestra tienda de campaña que todavía se hallaba muy distante de la zona en la que nos encontrábamos. Una vez que llegamos fui directamente a depositar la botella en la cesta de la basura que había instalado en la parte posterior de la tienda. En el mismo instante en que la ponía a un costado de la basura no sé por qué tuve la superflua curiosidad de desenfundarla porque yo, precisamente, no era un sujeto indiscreto. Tras cortar el nudo gordiano con el cuchillo del pan me apresuré a quitarle la funda y entonces advertí que la pequeña y corpulenta botella de Scotch Whisky Aged 21 Years, según se leía en la etiqueta, se encontraba herméticamente tapada. Esto me llamó la atención por cuanto la botella estaba vacía. Entonces pensé: “Debe haber una buena razón para que la botella esté perfectamente encorchada.” Un momento después comencé a agitarla, tal como si lo estuviera haciendo con un frasco de medicamento líquido antes de usarlo. Cuando realicé ese movimiento escuché un ruido apenas perceptible proveniente del interior de la botella fosca. Esto originó que inmediatamente deseara saber qué era lo que producía dicho ruido. Como no tenía un sacacorchos a la mano decidí romperla. Después que lo había hecho, estrellándola contra una masa pétrea, encontré una hoja de papel que estaba enrollada muy finamente y atada por el centro con una cinta de raso de color rosa. Tras levantarla del suelo la desaté y luego comencé a desenrrollarla muy delicadamente. Mientras lo hacía miraba asombrado como la pequeña hoja de cuaderno contenía un manuscrito en idioma inglés. En cuanto terminé de desenrrollarla leí estupefacto que decía literalmente lo siguiente:
“Quizás en alguna playa del mundo logre ser hallado este folio en el interior de la botella. Si así ocurriera, quien lo encuentre ha de ser una persona providencialmente asignada para ello. No es mi deseo que adopte una postura incrédula por lo que manifiesta este mensaje, pero sí que solicite uno. POR MÀS EXCEPCIONAL QUE SEA EL DESEO SERÀ COMPLACIDO.
                                                    Subscribe: Edward William Gallagher.
Post data: escriba a la dirección que se encuentra en el respaldo y su deseo se hará, indefectiblemente, realidad.”
           Cuando terminé de leer el mensaje, como es comprensible, estaba sumamente emocionado; tanto así que mí exultante estado de ánimo se lo había contagiado a Misti porque mientras le daba a entender que lo que había encontrado no era un desecho, sino el continente de un mensaje maravilloso, meneaba la cola como nunca antes lo había visto hacer. Inmediatamente después, mientras retozábamos, recordé al profesor canadiense Andrew S. Lockwood quien, con mucha paciencia, me había enseñado el idioma inglés.
Yo nunca antes, como ese día, había sentido igual felicidad por el hecho de haber estudiado, además de jurisprudencia, siete lenguas indoeuropeas: alemán, francés, inglés, italiano, polaco, portugués y ruso.
Posteriormente, cuando leí en el respaldo que en letras pequeñas decía: “1714 Boulevard Street, Sydney, Australia” no lo podía creer. Entonces, admirado por eso, me puse a pensar: “Es asombroso que la botella se haya desplazado desde tan lejos a través de la superficie del océano que concentra la masa de agua más extensa del planeta y quien sabe por cuántos días, semanas, meses, o quizás años, para después haber llegado aquí, a la playa Máncora, a ciento ochenta y siete kilómetros de la ciudad de Piura, al noroeste del país. Ciertamente he sido muy afortunado porque las corrientes marinas pudieron también haberla llevado a cualquier otra playa que bañan las costas del Pacífico.”
Después de la súbita emoción que había experimentado al leer un mensaje conteniendo semejante oferta me puse a ordenar los alimentos matutinos para enseguida desayunar, aunque involuntariamente lo íbamos a hacer tarde puesto que ya eran las 08:49 horas. Una vez que había puesto la vajilla sobre la mesa plegable, el jarro de cristal con zumo de naranjas y la cesta de mimbres donde había cuatro plátanos, tres manzanas Fuji, dos lúcumas de seda, una chirimoya, un cuarto de kilo de fresas y un racimo de uvas blancas, nos sentamos a efectos de paladear nuestros correspondientes alimentos. Como lo hacía cotidianamente a Misti le había servido, en su plato sopero, una gran cantidad de trozos de salmón canadiense que era lo que más le gustaba porque a él los otros productos cárnicos le sabían poco agradables, y en su plato secundario, que se diferenciaba del primero porque era menos grande, una nutritiva combinación de cereales peruanos sobre los que le había vertido medio litro de leche descremada. Mientras que yo me había servido, en un plato de porcelana, los mismos cereales y, en un vaso cilíndrico de vidrio grueso, bebida láctea homogeneizada.
Misti, según su costumbre, había comenzado ingiriendo las partículas de salmón; solo después que había dejado su plato principal vacío continuaba con lo que contenía su plato menor. Mientras que yo había empezado comiendo los cereales farináceos con el líquido lácteo, luego había continuado con las frutas y por último había bebido el zumo de naranjas.
Después, mientras lo ingerido se quimificaba, le relaté a Misti un cuento infantil, que era algo que hacía interdiariamente para su satisfacción. En esta oportunidad le narré la versión china del cuento de hadas intitulado: “Cenicienta” Mientras interpretaba a los personajes de la obra, modificando la voz según el rol de cada uno de ellos, Misti, sentado sobre la arena, escuchaba con atención el relato. Cuando interpretaba a la perversa madrastra, que de manera déspota y con tono arrogante le daba órdenes a la hermosa y tierna huérfana Cenicienta, Misti gruñía mostrando los colmillos como repudiando su actitud.
Posteriormente, y no sin antes haberme embadurnado de pies a cabeza con bloqueador solar a fin de proteger mí piel de la radiación ultravioleta, dejamos la tienda y a continuación nos pusimos a jugar con el frisbee. En este entretenimiento Misti brincaba, con una agilidad simiesca, para interceptar con la boca el disco volador de diecisiete centímetros de diámetro, tres de grosor y cien gramos de peso que yo, con una prudencial fuerza de propulsión, hacía girar sobre sí mismo. Cuando lo interceptaba me lo traía de vuelta, de modo que el juego terminaba en el preciso instante que el último de los once discos que tenía para lanzarle descendía sobre los granos de arena. Aunque en esta oportunidad no logramos superar nuestro récord de setenta y cuatro minutos, que lo habíamos conseguido jugando sobre césped, sin embargo, estuvimos cerca de igualarlo porque tuvieron que pasar setenta y tres minutos para que el undécimo disco planeara sobre las partículas minerales. Después que habíamos jugado tantos minutos bajo el tórrido clima ecuatorial, que según el termómetro atmosférico de la playa Màncora registraba 102.2°F (39ºC), ciertamente estábamos sedientos. Ni bien junté los frisbees, que estaban desparramados en un radio de apróximadamente treinta metros, entramos a nuestra tienda de campaña a fin de entregarnos a la bebida. Mientras Misti, completamente fatigado, bebía ansiosamente el contenido de una botella de agua mineral de dos litros que había vertido en su abrevadero figulino, yo bebía un vaso tras otro que llenaba de una botella de un litro. Después que Misti había saciado su sed se echó a descansar a la sombra del umbral. Mientras yacía, con las extremidades anteriores hacia adelante y las posteriores hacia atrás, miraba ensimismado la formación y rompimientos cíclicos de las olas. Estaba tan exhausto que respiraba por la boca muy aceleradamente y con la lengua afuera. Mientras recobraba sus fuerzas aproveché para entrar al mar a fin de practicar natación estilo crol que era mí especialidad.
Cuando abandoné las frescas y azules aguas del océano Pacífico, después que había permanecido alrededor de treinta minutos, encontré a Misti en la orilla frente a nuestra tienda ocupado excavando con rapidez antes de que llegara una ola y cubriera el hoyo que había hecho, pero como era listo y juguetón esperaba la resaca para hacer otro. Mientras veía atentamente lo que hacía pensé: “Podríamos construir un túnel; sí, uno que sea lo suficiente como para que ambos podamos atravesar a gatas por él.”  Unos minutos después comenzamos a ejecutar la idea. Entre tanto Misti excavaba con las extremidades anteriores en el lugar que le indiqué yo, a ocho pasos, lo hacía con una pequeña azada que me habían prestado unos simpáticos niños que acababan de hacer una estatua de arena de Bart Simpson y otra de Krusty el Payaso. A pesar que Misti no había hecho su trabajo del todo bien, debido a que lo hizo con gran entusiasmo y muy precipitadamente, aun así conseguimos unir lo que habíamos excavado durante alrededor de cuarenta minutos. Después que le había dado unos retoques a la obra de Misti, finalmente, el paso subterráneo, aunque un poco torcido, estaba terminado. Tras devolver la azada a los niños de la tienda de campaña vecina ingresamos a la nuestra a fin de tomar los alimentos del mediodía. Así como habíamos desayunado tarde también curiosamente lo íbamos a hacer con el almuerzo porque estábamos al borde de las 14:00 horas. El pantagruélico almuerzo que le había servido a Misti estaba compuesto de 59% de carbohidratos, 30% de grasas y 11% de proteínas, mientras que el mío de 69% de carbohidratos, 17% de grasas y 14% de proteínas. Mientras masticaba y deglutía los alimentos escuchaba con atención el sonido relajante de las olas y los graznidos de las gaviotas que sobrevolaban por el litoral norteño. Y la brisa marina que me daba en el rostro hacía que cada cierto momento inspirara muy profunda y placenteramente. Luego que terminamos de comer, hasta haber quedado satisfechos, subí a la hamaca que había instalado en el umbral de la tienda. Poco después, mientras yacía en la red viendo fijamente a Misti que se entretenía siguiendo a las aguas que llegaban a la orilla, recordé el hecho fortuito que había sucedido en horas de la mañana cuando encontré un mensaje dentro de una botella de whisky. Entonces me puse a reflexionar al respecto:
“A ver, quién puede permitirse escribir un mensaje tan desprendidamente… ¿un multimillonario? ¡Eso es, un multimillonario munífico! ¡Claro, para deshacerse de un poco de sus millones satisfaciendo el deseo de un congénere de algún lugar del mundo!”
Seguidamente, impulsado por la conclusión a la que había llegado, me puse a pensar, musitando, sobre qué deseo pedir:
“A ver, pediré que deseo tener… ¡una casa suntuosa! ¡Sí, una que tenga un vergel edénico y un gran jardín sembrado de césped para jugar ahí con Misti! Y que el inmueble tenga, además de habitaciones de uso común, una particularmente grande en la que pueda acomodar dignamente la gran cantidad de obras literarias que poseo de autores de alrededor del mundo. ¡Ah, y que tenga una piscina! ¡Wow, vivir en una casa así sería maravilloso!”
Sin embargo, inexplicablemente, después que había pensado de esa manera, aduje:
“Pero mejor no. Ya tengo una; aunque es pequeña, pero acogedora, ¡jamás la dejaré!”
Y enseguida continuaba pensando:
“Entonces, pediré que deseo tener… ¡un auto deportivo!”
Aunque no tenía uno propio contaba con el que la compañía multinacional francesa para la que desarrollaba mi oficio de jurisconsulto me proporcionaba para que me transportara en él aun los días no laborables. He aquí que tras esa pretensión, finalmente, reaccioné frente a los pensamientos materialistas motivando que me reprochára por la equivocada desiderata:
“¿Una casa? ¿Un auto? ¡Pero si nunca fui materialista no puedo serlo ahora que justo tengo la oportunidad de probarme que realmente no lo soy! Dejaré la actitud materialista y pensaré de manera idealista para de esta manera pedir un deseo que me sea verdaderamente gratificante.”
Poco después, cuando estaba pensando que actividad mundana podría llenarme de satisfacción, recordé lo que decía el mensaje en letras mayúsculas: “POR MÀS EXCEPCIONAL QUE SEA EL DESEO SERÀ COMPLACIDO” Eso originó que al instante exclamara alborozado:
“¡Por los cuernitos de las jirafas, qué maravillosa idea! ¡Como estoy a pocas semanas de mis vacaciones pediré que deséo excursionar por el continente americano, europeo, asiático y todavía el africano, y desde luego el oceánico!”
Después de la siesta, cuando el sol comenzaba a descender en el oeste, nuevamente ingresé al mar, pero esta vez llevando mi tabla de surf debajo de un brazo y a Misti debajo del otro. Eso lo hacía con el fin de que Misti consiguiera lo que hasta ahora no había podido: mantenerse sobre la tabla hawaiana mientras estuviéramos atravesando el extenso tubo hídrico que formaban las olas en la zona previa a la rotura de las mismas. Estaba obsesionado en  lograr que ambos  atravesáramos el sensacional paso subacuático que formaban las olas de esta playa. Luego que realizamos dieciocho intentos, en solo uno de los cuales estuvimos cerca de lograrlo, desistí del propósito a efectos de que Misti se divirtiera surfeando en aguas menos inhóspitas donde era su fuerte. En cuanto lo dejaba libre sobre la cresta de una ola que recién había reventado Misti, como siempre, demostraba suficiencia y destreza para mantenerse en equilibrio hasta que la arena detenía la tabla. Si en el momento en que el vehículo fusiforme encallaba Misti no descendía significaba que deseaba continuar surfeando. Después que había atracado por vigésima séptima vez, finalmente, se animó a desembarcar y a continuación meneaba la cola muy vivazmente exteriorizando de esta forma su satisfacción porque sabía que había surfeado de manera excelente, esto es, sin haber ido a parar a las aguas ni una sola vez. Unos minutos después, cuando el sol parecía estar introduciéndose en el océano, comencé a desmontar las piezas de nuestra tienda de campaña para volvernos a casa. El maravilloso día de playa que había pasado junto a mi perro Misti había terminado. Antes de abandonar la playa Máncora veíamos como el túnel que habíamos excavado al mediodía se llenaba poco a poco con las aguas de las olas que, influenciadas por las fuerzas de atracción combinadas del sol y la luna, llegaban cada vez más hacia la orilla.
Durante el trayecto a casa, mientras conducía el automóvil completamente relajado y Misti dormía plácidamente como un bebé acurrucado en el asiento posterior, iba pensando en el mensaje que había encontrado dentro de la botella que Misti había advertido y posteriormente rescatado de las aguas en el momento en que una resaca se la llevaba de nuevo al océano. Cuando llegamos a casa, como era previsible, lo primero que hice fue escribir, en mí vetusta y obsoleta máquina, una carta al destinatario Edward William Gallagher en la que daba a conocer muy minuciosamente y con lujos de detalle cómo, en qué playa, de qué país, en qué circunstancias, alrededor de qué hora, de qué día, mes y año había sido hallada la botella y posteriormente el mensaje. Y en la parte final expresaba cual era mí deseo. Tan pronto como terminé de mecanografiar la carta la introduje en un sobre y luego la sellé con goma arábiga, inmediatamente después me dirigí a paso ligero hacia una oficina de correos que se encontraba a unas pocas cuadras de mí casa. Una vez ahí le manifesté al dependiente que por favor mí carta fuera enviada cuanto antes a Australia. Tras salir de la estafeta regresaba a casa pensando en qué instante mí epístola sería llevada hasta ese lejano país oceánico. En un momento determinado del trayecto, teniendo las manos juntadas y los dedos entrecruzados, miré el cielo estrellado y supliqué al todopoderoso para que mí carta obtuviera una respuesta satisfactoria porque si bien es cierto que el mensaje era verosímil, sin embargo, quizás solo era un trasfondo. Por esto, con cierta razón, temía haber sido burlado por un truhán presuntuoso y procaz resultante de la distorsión social que afecta a las naciones.
Cuando habían pasado cuarenta y dos horas, exactamente en el momento en que me retiraba de la oficina del piso sesenta y nueve en la que trabajaba, después que había tenido una jornada particularmente estresante, la secretaria llamada Laureana me abordó en la puerta del elevador y luego me entregó una carta. Y era, afortunadamente, la que estaba esperando aunque, a decir verdad, jamás imaginé que la respuesta sería inmediata. Ya una vez en casa abrí el sobre y, con cierta ansiedad, comencé a leer la extensa misiva. Inmediatamente después volví a hacerlo una y otra vez porque no podía creer que quien había escrito el mensaje era una persona realmente opulenta. La epístola manifestaba literalmente lo siguiente:
“Saludos vecino terrestre de la costa occidental del Pacífico de las Américas. Me causó mucha alegría, aunque no menos sorpresa, recibir su carta en la que me comunica de los pormenores del hallazgo de la botella y posteriormente del folio donde escribí un mensaje hace exactamente once meses cuando mí esposa y yo vacacionábamos en la paradisíaca Isla Hayman situada en el Mar del Coral, en la costa central del Estado de Queensland, al noreste de Australia. Luego, tras haberlo arrollado y atado con la cinta de raso del sombrero de fieltro de mí esposa, lo introduje en una botella, después lo encorché, enfundé y, finalmente, lo aseguré con un nudo gordiano. Posteriormente, cuando abandonábamos la isla lo lancé al océano Pacífico por el babor de mí embarcación de recreo estival.
Felicito a su perro Misti porque fue él quien, cual cánido sagaz, advirtió la botella y luego la rescató posibilitando que después hallara el mensaje. Como premio a la hazaña realizada por el “Sabueso del océano Pacífico” le proporcionaré, de manera vitalicia, una gran caja conteniendo su alimento favorito (espero pronto saber cuál es), para enviárselo todos los fines de mes mediante un avión de transportes de mercancías. Le extiendo la felicitación únicamente porque es el amo circunstancial de un perruno paradigmático.
El deseo que pide ha motivado que vuelva a mí el espíritu de aventura, ése que me llevó a conocer el continente americano, europeo y asiático cuando era joven. Por aquel entonces hice turismo por varios países de cada uno de estos continentes. Lo bueno es que ahora los viajes ya no serán complicados y tediosos como lo fueron entonces porque lo haremos en la comodidad de mí avión privado. Debe saber que soy propietario de una cadena de hoteles establecido en cuatro continentes. Le aviso que le enviaré el billete de avión tres días antes de que salga de vacaciones para que se traslade hasta aquí porque desde esta ciudad comenzaremos la excursión a través de los cinco continentes tal como es su deseo.
Sin más que expresar me despido con la expectativa de conocer a un vecino terrícola probo con el que conviviré durante veintiocho días en el transcurso de los cuales visitaremos catorce países de alrededor del mundo.                                                                                      Ed. W. Gallagher.”  

Cuando habían pasado veintitrés días, exactamente el mismo día que salí de vacaciones, me dirigí, con una maleta con asa extraíble, al aeropuerto internacional Jorge Chávez de la ciudad de Lima, Perú. Luego de permanecer diecisiete minutos en la sala de embarque abordé el avión de la compañía de aviación comercial intercontinental que veintidós minutos después partió con destino a Australia.
¿Y el perro? Quizás pregunte alguien. Mi morigerada y cariñosa mascota, que valía un Perú, se había quedado en casa con una enfermera veterinaria a la que había contratado expresamente para que estuviera con él durante mi ausencia y se encargara de cuidarlo, asearlo y alimentarlo. Asimismo para que los sábados y domingos, en horas de la mañana, lo llevara a pasear al parque del vecindario y en horas de la tarde lo condujera a paso ligero hacia el gran parque urbano de la ciudad para que ahí se entretuviera con el frisbee y la pelota de fútbol americano que eran los objetos con los que disfrutaba jugar, porque todo eso era lo que yo hacía cuando estaba con él.



Capítulo 2: El arribo a la ciudad de Sydney, Australia.
         
          Cuando eran las 16:43 horas del primer día, del primer mes, del primer año del siglo XXI en el calendario gregoriano y después de catorce horas de tenso vuelo, de las cuales las primeras tres la pasé dormitando y las restantes once desvelado, el avión aterrizó en el Aeropuerto Internacional Kingsford Smith. Luego que abandoné el aeródromo abordé un taxi que me conducía al número 1714 de la Calle Boulevard. Mientras el taxista quien dijo llamarse Matthew hacía su trabajo, y no sin antes preguntar por mi nombre y de dónde venía, me habló de diversos temas comenzando por uno...

viernes, 29 de julio de 2011

"EL AMO AFORTUNADO"

EL AMO AFORTUNADO: Las aventuras del sujeto que, gracias a su perro, conoció los cinco continentes.
SINOPSIS. EL AMO AFORTUNADO es un sujeto que tiene 27 años de edad. Es abogado y políglota, trabaja para una compañía multinacional francesa como jurisconsulto. Vive solo en casa con su perro, un pastor belga Malinois. Un día miércoles, aprovechando que era día feriado, va a la playa Máncora, localizada en el norte de Perú, junto a su perro el cual rescata de las aguas del océano Pacífico una botella, proveniente de Australia, conteniendo un mensaje que hace posible que su amo conozca, durante sus vacaciones, quince países de alrededor del mundo.
Para adquirir la novela "EL AMO AFORTUNADO" pueden hacerlo directamente a través de este link: 
           https://www.amazon.es/EL-AMO-AFORTUNADO-aventuras-continentes-ebook/dp/B005DOP9XQ/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1467151276&sr=1-1&keywords=EL+AMO+AFORTUNADO


Amador Vargas Bellido también a publicado un cuento infantil llamado "MISKI: La alpaquita rebelde"

SINOPSIS. Míski es una esplendorosa y encantadora alpaquita, la menor de una maravillosa familia. Sin embargo, tiene la desacertada costumbre de agruparse con infames amigas desoyendo los consejos que le brindan sus amorosos padres. Estas amigas, a sabiendas que Míski es la más joven y candorosa del grupo, le proporcionan ideas extravagantes y temerarias que penetran profundamente en su inconsiente. Un día, Míski, influenciada por estas irresponsables amigas,abandona su espléndida estancia en la antiplanicie andina a fin de irse a vivir a la ciudad. Tiempo después, cuando Míski descubre que vivir en la ciudad no era como sus amigas le habían contado, regresa muy arrepentida a su estancia para la felicidad de sus magnánimos padres y hermanos.
        Ilustraciones del cuento"MISKI: La alpaquita rebelde"
Illustrations of the story"MÍSKI The Rebellious Little Alpaca"

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SYNOPSIS. Míski is a resplendent and enchanting little alpaca, the youngest of a wonderful family. However, has the bad habit of grouping with infamous friends ignoring the advice that give their loving parents. These friends, knowing that Míski is the youngest and guileless of the group, you provide extravagant ideas and reckless that penetrated deeply into their unconscious. One day, Míski, influenced by these irresponsible friends, abandons its splendid house in the Andean highlands in order to go live in the city. Time later, when Míski discovers that to live in the city he was not like his friends they had told him, it returns very repented to his home for the happiness of his magnanimous parents and brothers.
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